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Esta combinación -agricultura y ecología- debería ser un matrimonio natural: el agricultor labra la tierra, el ganado vive alrededor de él, con él ...
Pero queda poco de
esta imagen romántica de las
familias que vivían
en el campo, trabajaban los siete días de la semana, no tenían
vacaciones, conocían a su ganado por el nombre y soportaban alguna
que otra pérdida por mala cosecha, enfermedad, etc.
¿
Quién está dispuesto a pagar los precios por alimentos que
proceden de esta clase de explotaciones, explotaciones ecológicas,
respetuosas con los animales y el medio ambiente? La ecología y la
agricultura se están moviendo en una zona de tensiones, entre la
conservación de ecosistemas, paisajes y recursos naturales, ganadería
respetuosa, alimentos sanos y seguros y la dura necesidad de ser económico,
eficiente y producir un beneficio que permita pagar sueldos.
Tecnología, intensificación y eficiencia económica – indudablemente, logros positivos de la evolución humana– en su aplicación extrema también han llevado a la destrucción de ecosistemas, paisajes con una tradición agro-cultural y la extinción de especies de flora y fauna; cadenas y complejos sistemas tradicionales donde el cultivo, la producción y la transformación entrelazaban perfectamente con los oficios, las tradiciones y las costumbres han desaparecido.
¿ Permitiremos que la naturaleza nos enseñe algo sobre la manera en que nos puede ser útil o seguiremos inventando absurdos sistemas y procesos para producir cada vez más cantidad en menos tiempo y a menor precio? Realmente, ¿apreciamos los alimentos tan poco que no estaríamos dispuestos a pagar un precio más alto?
“En el año 1960, un obrero trabajaba dos horas para poder comprar un kilo de pollo. Hoy lo consigue en menos de un cuarto de hora. Entonces, el 50% del ingreso familiar se dedicaba a la alimentación, hoy en día solamente un 16%. Eso es favorable para la economía familiar pero necesariamente tiene que perjudicar el precio y la calidad de lo que estamos comiendo.”
(Fuente: Volker Angres, Claus-Peter Hutter, Lutz Ribbe, Futter für’s Volk, Droemer, München, 2001, pág. 93 – Traducción propia)
También sería necesario enfocar las subvenciones agrarias de otra manera: en vez de fomentar el principio de “más cantidad en menos tiempo a menor precio”, habría que apoyar los principios ecológicos, respetuosos y, al fin y al cabo, beneficiosos para todos.
„Los
diez mandamientos de una ganadería responsable y respetuosa
... a seguir
La
agricultura según las leyes ecológicas ... a seguir